Michael Young, Nobel de Medicina: “En el hígado, los ritmos circadianos ayudan a digerir mucho mejor la comida y transformarla en energía”


Michael Young, ganador del Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre los ritmos circadianos, sostiene que el hígado cumple un rol central en la forma en que el cuerpo digiere la comida y la transforma en energía.

De acuerdo a los estudios que realizó, este órgano no trabaja de la misma manera durante todo el día. Su eficiencia metabólica depende del reloj biológico interno que regula funciones clave del organismo.

Durante décadas, la ciencia pensó que los ritmos circadianos se limitaban principalmente al cerebro. Sin embargo, las investigaciones de Michael Young y otros especialistas demostraron que órganos periféricos como el hígado también tienen su propio reloj interno.

“Los ritmos circadianos son impulsados biológicamente y persisten incluso si hay señales contradictorias del exterior”, revela Young. “Por lo tanto, no es posible cambiar estos ciclos horarios sin percibir alguna consecuencia a medio y largo plazo

“Estos ciclos circadianos tienen el mismo mecanismo en todas las células con relojes. En el cerebro, por ejemplo, controlan nuestro ciclo de sueño y vigilia. En el hígado, ayudan a digerir muchos mejor la comida transformándola en energía o almacenándola, y siempre según la hora del día a la que comemos“, concluye Young.

El hígado coordina procesos esenciales como el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas. Cuando la comida se consume en sincronía con estos ritmos circadianos, el cuerpo aprovecha mejor los nutrientes.

En cambio, comer a deshora puede generar desajustes metabólicos que, con el tiempo, afectan la salud. Young explica que el hígado anticipa la llegada de la comida en determinados momentos del día.

Esa anticipación permite activar enzimas y rutas metabólicas que facilitan la digestión y la conversión de los alimentos en energía disponible para músculos y cerebro.

El hígado está programado para trabajar de manera más eficiente durante ciertas franjas horarias, especialmente durante el día, cuando el cuerpo está activo.

Cuando la comida se consume en horarios nocturnos, el hígado no responde con la misma eficacia. Esto puede provocar una peor digestión, mayor acumulación de grasa y alteraciones en los niveles de glucosa.

Este desajuste explica en parte por qué las personas que comen tarde o tienen horarios irregulares presentan mayor riesgo de problemas metabólicos.

El hígado necesita señales claras para funcionar correctamente. La luz, el sueño y la comida actúan como marcadores temporales que ajustan su reloj interno. Alterar uno de estos factores impacta directamente en cómo el cuerpo procesa la energía.

Los ritmos circadianos permiten que el hígado coordine la digestión con las necesidades energéticas del organismo.

Durante el día, cuando se requiere mayor rendimiento físico y mental, este órgano optimiza la conversión de la comida en glucosa utilizable. Por la noche, en cambio, prioriza procesos de reparación y almacenamiento.

Comer en horarios regulares ayuda al hígado a anticiparse y a responder de forma más eficiente, evitando picos y caídas bruscas de energía.

Este enfoque también aporta una nueva mirada sobre trastornos modernos como el cansancio crónico o la dificultad para mantener el peso. En muchos casos, no se trata solo de la calidad de la comida, sino del desorden en los horarios que confunde al hígado.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior